
Es importante destacar que aunque este es un blog dedicado a la poesía, últimamente quiero añadir un poco de diversidad a ese tema. Para esto, quiero presentar una historia muy especial que he estado trabajando, la misma es un cuento, y como usualmente son los cuentos, es un relato corto y lleno de muchas influencias que van desde el realismo mágico, hasta el surrealismo. Sin embargo, con este cuento no busco presentarme de manera seria, al contrario, es un cuento, una historia divertida y sin duda alguna, distinta… si eso es bueno o malo, no lo sé.
El mecánico intergaláctico
Erica observaba al grupo de muchachos jóvenes reunidos frente a las neveras de cerveza. Ella había pasado por allí antes, cuando estaba solitario el pasillo. En su mente pensaba que era muy temprano para comprar cerveza. Sin embargo, había una parte suya que deseaba comprarlas. “es solo para tenerlas” se decía. Pero logró aguantar la tentación. Iba a sucumbir ante el miserable naciente deseo de borrar todos sus problemas y su ansiedad con una botella o seis de alcohol. Para su infortunio, los muchachos le obstaculizaban el paso hacia las neveras y ella internamente los maldecía. Son unos mocosos y es demasiado temprano para estar bebiendo. Decía en su mente, pero se cuestionaba si estaba siendo hipócrita. “Claro que no” se respondió, después de todo, ella trabajaba, tenía veintidós años un carro de mierda, una familia disfuncional y un problema de lo que sospechaba era un severo caso de hermitañismo. Hablando de eso… continuó caminando hasta la caja registradora. Allá observaba el agave José Cuervo. El color caramelo que le atraía su vista, era como miel, era como el oro y anhelaba probarlo. Nuevamente, se dijo que definitivamente no tenía un problema porque, aunque quería comprarlo, al ver a los chicos caminar hacia la puerta con sus mochilas, imaginó que se habían robado las cervezas. Eran mocosos y a la cajera no parecía importarle. Ella se encogió de hombros. Los muchachos eran muy jóvenes y estaban en la calle hablando de cervezas en una farmacia/comercio… no tenían una vida hogareña ideal, eso seguro. Ella rodó los ojos, internamente estaba segura de que el agave callaría todos esos pensamientos intrusivos incluyendo el disgusto excesivo que tenía hacia aquellos chicos. ¿Por qué diablos me importa si están bebiendo y robando? Siguió hacia adelante en la fila, podía pedir el tequila… podía hacerlo. Pero en cuanto vio el rostro de la cajera, una mujer mayor y con aspecto pulcro, se resignó. No le pediría una botella de agave a aquella señora. Así que, con sus insecticidas en la canasta, le pidió una bolsa de café que escondían detrás del escaparate para evitar que la gente se lo robara… por alguna razón nunca le gustaron este tipo de farmacias. Tal vez era porque ponían los cigarrillos al lado de la nicotina para dejar de fumar y porque el dispensario de alcohol era más abundante que el de los medicamentos para la tos.
Tal vez era nuevamente esa voz en el fondo de su cabeza la que la irritaba. Salió luego de pagar con un paso acelerado. Subió a su auto, y al girar la llave… nada. El motor no rugía, no reaccionaba. No estaba sorprendida por el suceso, pero sí molesta.
-¡Perfecto, magnífico!- exclamó entre dientes, irritada. ¿Por qué las cosas en su vida salían siempre tan mal? Sin embargo, como un guiño del cielo, comenzó a llover en respuesta. Su suerte era ridícula y mala. Abrió el capó del vehículo para ver si se trataba de la batería, pero para su mala suerte, no parecía ser el caso.
Sin embargo, a medida que las gotas de agua caían sobre ella, el tiempo parecía ralentificarse. Erica notó que uno de los autos de la carretera principal avanzaba rápidamente, pero pronto varios autos se detuvieron de manera paulatina, igualmente, las gotas de lluvia parecían suspendidas en el aire, sin caer ni resonar como lo habían hecho antes. Su mirada fruncida, y un ligero fastidio con la pregunta en su mente “¿Ahora qué?”, pero sin atreverse a hacerla directamente al cielo.
Erica entró nuevamente en su auto para intentar encenderlo aún con el mundo aparentemente congelado en el espacio tiempo. Rodó los ojos al no recibir respuesta alguna de su auto. Un golpe intenso que sonó sobre su vehículo, la hizo fruncir nuevamente su frente y gritar ligeramente por la sorpresa. ¿Qué demonios estaba pasando? Ya la cosa no podía ser más ridícula… ¿o sí? Se fijó que todo continuaba congelado incluyendo la puerta automática del establecimiento que había estado a punto de cerrarse antes del evento, ahora sólo estaba de manera intermedia. La puerta medio abierta, el ruido sobre su vehículo que continuaba sonando con fuerza, como unos pasos sobre la capota. Sin poder aguantarlo más, Erica salio del automovil, dispuesta a afrontar lo que estuviera afuera, incluso si sentía que podía estar teniendo un infarto en la vida real y todo lo que estaba pasando era una enorme y loca…
Tan pronto salió del auto y vio encima del vehículo una figura peluda con un par de alas coloridas que yacía sobre el carro. El animal era un mono, pero no un mono común, su cola larga estaba pintada por todos los colores que existían, y sus alas cubiertas de plumas que tenían una estructura colorida similar. El mono sostenía un paraguas gris, pero la lluvia no caía, le sonrió al notar que alguien finalmente había salido del auto a observarlo.
El mono llevaba consigo un cinturón de herramientas amarillo. Cada herramienta de un color distinto. La llave de tuercas particularmente enorme, casi del tamaño del torso del mono, cuyo rostro y pelaje eran color crema.
-¡Hola! Ahí, recibí un mensaje intergaláctico, Erica ¿no es así?- dijo revisando por un momento su reloj invisible. Erica alzó las cejas. Estaba teniendo un ictus y a punto de morir… de eso estaba segura. -tu automóvil tiene el corazón roto… y envió un SOS inmediato a la División de Mecánicos Intergalácticos, tienes suerte de que el último mensaje que recibí estaba en Andrómeda, imagina si llegase a estar en alguna otra galaxia… ¿Puedes imaginar el viaje loco que sería eso? Probablemente habría llegado muyy tarde- se rio, observó que Erica continuaba observándolo con incredulidad y la boca abierta. -Sí… estee, pues tu auto… ¿alguna idea de lo que pasó?-
-No enciende- respondió de manera llana. Aún intentando de entender lo que estaba pasando. Erica observó a su alrededor notando que todo continuaba congelado. El mono se rascó la panza y luego se rió de la situación.
-Ya sé lo que te extraña, es el paraguas ¿no es así? – cuestionó el mono cerrando finalmente el paraguas y llevándolo a su cinturón -Qué descortés de mi parte, me llamo Miko El Mecánico intergaláctico… y el paraguas es anti gravedad, ayuda mucho con los cambios de planetas y eso… la última vez resolví un problema en el agujero negro de… pero qué estoy hablando… cierto lo importante ahora es tu auto. Aunque el paraguas es gris y no va mucho con mi estilo sí ayuda a anticipar las fuerzas y los cambios que de otra manera me arrastrarían al centro de un agujero sin salida- se rio nuevamente – ¡Qué cosas tan impresionantes! Y pensar que sólo viene en gris- se quejó y Erica asintió sin entender nada. Miko descendió de la capota y ofreció su mano a Erica con una gran sonrisa dientuda. -¡Oh lo siento! No estoy seguro si las sonrisas son amenazantes para tu especie… ¿lo son?- cuestionó dejando de sonreír por un instante con preocupación. Erica estrechó la mano y negó con dificultad, el mono volvió a sonreír. -¡Genial! Habría sido incómodo, la última vez que estuve aquí tuve que ayudar a un pulpo mayor a salir de una red de pesca centenaria, para ello… tuve que utilizar estos audífonos hipersónicos que forman una barrera de sonido entre el agua y yo. Pero el punto de la historia es que al pulpo no le agradaban las sonrisas ¿sabes? Fue muy triste, pero a la vez, su manera de sonreír es diferente, no mostrando la rádula… lo cual tiene mucho sentido, sus dientes son horribles- comentó riéndose -pero no es por ofender, a veces sólo soy muy honesto, no se lo comentes a un pulpo- pidió con una sonrisa pícara.
-No conozco a ningún pulpo a quien le pueda ofender…- respondió Erica con una sonrisa ante la imagen absurda de Miko, el mono volador descendiendo al fondo del oceano para salvar a un pulpo gigante molesto. -No conozco a nadie como tú… Miko. Dime ¿Qué debe hacer uno para hacerse un mecánico intergaláctico?- Erica se rio de su pregunta, pero aun así, la cuestión estaba entretenida incluso si estuviera entrando en un coma médico.
-Oh… son muchos pasos. El papeleo intergaláctico es peor que el de una oficina de gobierno. Debes completar el formulario de las preguntas infinitas, y pasar un examen de mecánica cuántica para resolver problemas a niveles subatómicos… la verdad es que el examen es bastante sencillo, el problema viene con el papeleo. Aún no lo termino… de hecho voy por la pregunta octillonésima decimo quinta, pero tengo el permiso aprobado por la junta de mecánicos intergalácticos por demostrar mi capacidad de realizar trabajos complicados en las pruebas de entrenamiento- contó mientras abría con facilidad el capó del vehículo y comenzaba a sacar sus herramientas para girar tuercas y abrirse paso entre el metal. Cada vez que desajustaba una tuerca una melodía grave resonaba como una pieza musical clásica conteniendo chelos.
Erica escuchaba las melodías y con curiosidad observaba el trabajo de Miko mientras desmembraba la raíz del problema.
-¿Tienes mucha experiencia con este tipo de autos?- cuestionó por casualidad y Miko se rio sobre el comentario.
-Bueno, los mecánicos intergalácticos rara vez vemos un modelo igual dos veces. Además, hay más que sólo piezas rotas y desajustadas por reparar… – murmuró enfocándose en un engranaje con particular interés -ves… aquí está el problema… el motor no puede arrancar porque las válvulas internas están empujándose con vapor al mismo tiempo… ya lo puedo ver. La presión que se acumula, al no tener por dónde salir, no permite que los engranajes corran como se debe y en lugar de moverse adelante, el engranaje se queda estancado. Es… una de la Ley del Cosmos, para cada acción hay una reacción igual y opuesta… ¡ja! ¿Ves?… todo es resuelto por un mecánico intergaláctico, no hay otro experto igual- comenzó a saltar con emoción mientras sostenía la pieza de las válvula. Erica aplaudió de manera inesperada. La emoción de Miko tan contagiosa como adorable.
-Bien… entonces ¿lo puedes reparar?- preguntó Erica con duda en su voz. Miko la observó, su mirada brillante de emoción.
-¡Por supuesto! Hay dos cosas que necesitamos para reparar los asuntos más complejos… primero, identificar el problema. Lo cual ya hemos podido hacer, el motor funcionará si removemos la válvula dañada y la reemplazamos, pero podemos hacer algo mejor que eso… ¡podemos repararla! – dijo señalando con emoción la válvula quemada y rostizada en su mano Erica la observó con desconcierto.
-Se ve… un poco vieja… y muy, muy dañada- comentó Erica -parece estar lejos de reparación -comentó y Miko observó la pieza rascando su cabeza esta vez.
-Mmm- Miko comenzó a estudiar la pieza en sus manos, la golpeó contra el suelo un momento, la pieza no se partió. Luego, elevó la pieza y la mordió con fuerza, la pieza continuaba intacta, aunque en el mismo estado anterior. -La siento muy bien, a pesar de ser vieja, es robusto material…- informó con una sonrisa. Miko comenzó a saltar nuevamente al haber logrado demostrar que la pieza puede ser utilizada. En su cinturón amarillo, abrió uno de los bolsillos. Sacó un material elástico y lo acomodó de tal forma que quedó como una mesa. El material se comenzó a endurecer en segundos y fue cuando Miko dejó la pieza sobre su mesa de trabajo.
-Wow- murmuró Erica viendo la mesa de trabajo translúcida pero que sostenía el material a una altura cómoda para Miko.
-Bueno… entonces te mostraré uno de los mejores inventos que existen en mi cinturón de mecánico intergaláctico- exclamó Miko y Erica lo observó con curiosidad. ¿Mejor que la mesa translucente cuyo material parecía ser una plastilina con memoria? -¿Quieres verlo?- cuestionó Miko emocionado por la oportunidad de utilizar su herramienta.
Erica asintió con entusiasmo y curiosidad.
-Tengo que verlo entonces…- murmuró y Miko dio un salto, sus alas coloridas extendiéndose con emoción. -bien… – Miko sacó de su cinturón un dispositivo metálico que parecía mucho una linterna. -Este es el reparador cuántico- exclamó -es capaz de unir partículas que han sido separadas y están lejos las unas de las otras. Cómo esto funciona es que, aunque estén separadas, subatómicamente, no importa el lugar del universo dónde se encuentren, siguen unidas por un hilo cuántico que mantiene la identidad o memoria de la conexión entre las partículas. Una pequeña demostración…- expresó sacando una gorra pequeña que decía Miko Mechanics, Erica observó la gorra con diversión. De pronto, Miko sacó una antorcha y quemó la gorra, y la dejó en el suelo mientras se quemaba. Erica observaba la gorra quemarse con confusión.
-Pero… ¿por qué has quemado la gorra?- cuestionó y Miko levantó su dedo con teatralidad.
-Era mi gorra favorita… bueno, lo sigue siendo, verás, en este Cosmos nada deja de ser realmente…- exclamó nuevamente emocionado -y para demostrarlo, ¡el reparador cuántico!- con el objeto que parecía una lámpara, Miko apuntó con la parte superior hacia las ahora cenizas de su gorra favorita. Al presionar el botón y encender el dispositivo, una fuerte luz brotó del reparador, haciendo que tanto Miko como Erica cerraran los ojos por un instante. Al abrirlos, la gorra estaba entera y no había rastros de cenizas ni nada chamuscado. -¡Ves! A veces sólo hay que tener un poco de confianza en que las cosas que son de uno, realmente nunca dejarán de serlo… simplemente se convierten en algo más- concluyó con seriedad, cambiando su semblante a una mirada mística que hizo a Erica sentirse como una niña pequeña siendo educada.
-Es fascinante- admitió Erica viendo el objeto -¿puedo?- cuestionó Erica mientras señalaba al reparador cuántico, Miko se rio y le guiñó un ojo de manera traviesa.
-Puedo perder mi certificación, pero sabes… viéndolo de otra forma, ¿Por qué no?- le cedió el objeto a Erica quien lo sostuvo con asombro, por primera vez viendo un objeto tan importante y surreal. Un aspecto increíble de la experiencia extracorporal que seguramente estaba teniendo, aunque ya no se cuestionaba ni preocupaba si era un ictus, un accidente o simplemente una situación alucinada… todo era sorprendente y Miko era un mono muy inteligente, si es que era siquiera un mono. Habían tantas preguntas por hacerle al mecánico cuántico, pero Miko le sonrió con entusiasmo.
-Ahora apunta la cabeza hacia la válvula sobre la mesa y presiona el botón negro- explicó Miko y Erica siguiendo sus instrucciones, logró accionar el dispositivo, el reparador cuántico. La luz, esta vez no los tomó desprevenidos y cerraron los ojos antes. Al abrirlos, la pieza de la válvula estaba como nueva.
-Impresionante…- murmuró Erica y Miko comenzó a saltar con emoción sus alas extendidas.
-¡Ves! Todo es un poco de fe y también…magia cósmica-
Erica asintió viendo cómo Miko agarraba la válvula y comenzaba a trabajar para instalarla nuevamente al motor de manera que todo quedara como nuevo.
-Esto va aquí – murmuró Miko mientras trabajaba con sus herramientas, esta vez las melodías eran dulces, como una primavera entrando luego de un largo invierno. -Es importante, Erica, las frecuencias que escuchamos son las melodías del corazón del auto, pero todo tiene un ritmo, una canción… los planetas danzan la canción de sus estrellas y nosotros somos parte de esa danza cósmica. A veces olvidamos que hay cosas más grandes, pero si soñamos un poco… si creemos que por un momento podemos alcanzar lo imposible… a veces sí suceden cosas poco probables, a veces sí llega un mecánico intergaláctico y a veces… nos transformamos en algo que es mejor de lo que antes fuimos, reparando las piezas en lugar de reemplazarlas por nuevas- dijo Miko acabando de ajustar la última tuerca y cerrando el capó para luego saltar sobre él. -Ahora… ¿por qué no lo probamos?- sonrió y Erica asintió con una sonrisa y también algo de brillo en sus ojos.
En cuanto Erica subió al auto y giró la llave en la ignición vio a Miko esperando atentamente sobre el capó de su carro. El vehículo rugió y el motor volvió a la vida. Impresionada, Erica salió del auto y abrazó a Miko por un instante. El mono mecánico se rio y luego de terminar con el abrazo extendió sus alas.
-Bueno, creo que mi trabajo aquí ha terminado, querida Erica. El auto ya no tiene el corazón roto- sonrió y Erica lo vio con escepticismo nuevamente.
-No estabas aquí por el auto, ¿no es cierto?- cuestionó Erica y Miko se rio de su cinismo, aunque ahora con un tono de jovialidad.
-¿por qué estaría aquí un mecánico intergaláctico entonces?- cuestionó con una sonrisa traviesa y luego observó a su alrededor, un pequeño sonido llamó la atención de Miko y Erica. El reloj invisible de Miko estaba sonando, esta vez en una galaxia lejana. Miko soltó un suspiro y vio a Erica con cariño. -Cuídate Erica, y recuerda que el Cosmos tiene más maravillas de lo que puedes imaginar… abre tus ojos y el corazón, algún día puede que nos volvamos a ver… ¿Quién sabe y si para entonces haya terminado el papeleo infinito?- las alas de Miko comenzaron a aletear y con cada aleteo, cada vez más lejos estaba el mono.
-¡Miko!- exclamó Erica al ver al mono alto en el aire, Erica dudó por unos segundos antes de decir -¡buen viaje!- Miko le sonrió desde la distancia, se puso su gorra y asintió con su cabeza.
-Recuerda, lejos o cerca… un hilo cuántico nos une- dijo Miko y mientras reía desapareció por los aires. La lluvia lentamente había comenzado a caer nuevamente. Erika estaba en la puerta de su auto, viendo al cielo como una desquiciada. Negó con su cabeza y se rio sola. Luego vio la puerta del establecimiento cerrarse y los carros seguir su camino.
-Estoy viendo cosas- murmuró. Subió a su auto y se sentó, su cabello empapado al igual que su ropa. Pero al ver al suelo antes de cerrar la puerta del auto, recogió algo del suelo, mojado y casi gris por el sucio de la carretera, pero al secarlo con su ropa, descubrió una pequeña pluma con todos los colores existentes. Erica abrió sus ojos con sorpresa y cerró la puerta del auto. Se quedó viendo la pluma por unos momentos más, antes de volver a ver al cielo y sonreir con alegría.
Por: Marie Col